En esta era de transformación digital, el uso de las amenazas cibernéticas como arma es algo habitual, y el «evento de extinción» constituye una amenaza real, especialmente para las organizaciones con requisitos de tiempo de actividad y disponibilidad. Como hemos visto en los titulares, los desastres cibernéticos paralizan las operaciones empresariales y afectan al valor para los accionistas. Por ejemplo, Equifax acaba de convertirse en la primera empresa cuya perspectiva crediticia ha sido rebajada debido a una filtración de datos. ¿Y recuerdas el brote del ransomware NotPetya, patrocinado por un Estado? Pues bien, las últimas estimaciones calculan que NotPetya le costó a la empresa de transporte marítimo internacional Maersk hasta 300 millones de dólares en pérdidas. Para colmo de males, al tratarse de un «acto de guerra», el seguro no cubrirá los daños.

Ya se trate de un ataque selectivo o de daños colaterales derivados de un conflicto entre Estados, el riesgo cibernético está directamente relacionado con el riesgo empresarial. De hecho, los desastres cibernéticos causan actualmente más daños a las empresas que los desastres naturales y se producen con mayor frecuencia. Sin embargo, muchas organizaciones no han actualizado su plan de recuperación para hacer frente a estas amenazas emergentes. Los sistemas de recuperación obsoletos suponen a las organizaciones un coste de millones debido al tiempo de inactividad innecesario y a los gastos imprevistos en infraestructura, todo ello a causa de un problema fundamental: la ciberseguridad no es una prioridad.

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Puntos clave del debate:

  • Cómo la automatización ayuda a recuperarse de los ciberataques en minutos, no en días
  • Consejos para eliminar el riesgo de reintroducción de malware a partir de copias de seguridad del estado del sistema
  • Maneras de evitar la confusión de hardware con una recuperación racionalizada en la nube
  • Buenas prácticas para diversificar las infraestructuras de acogida de aplicaciones críticas